domingo, 28 de julio de 2013

Un problema que existe y se oculta



 Las infecciones vaginales constituyen una de las causas más comunes en consulta ginecológica, embargo, a menudo se retrasa la búsqueda de ayuda por tabúes, temores y represión.

Las tres infecciones mayores vaginales son: candidiasis, bacteriana y tricomoniasis.  Se sabe que  el 75 por ciento de mujeres, en algún momento de su vida, han padecido alguna de estas.

¿Qué las causa?
“Entre los factores que favorecen la proliferación de bacterias u hongos están los elementos de aseo como las duchas, desodorantes o fragancias vaginales”, explica Martín, ya que la vagina no está “diseñada” para recibirlos,  y se altera su flora normal.
El uso diario de toallas sanitarias o protectores, la ropa interior sintética o apretada, el portar pantalones muy ajustados —que impiden que el área vaginal se ventile y provoca más humedad— son otros predisponentes, así como el componente sexual: a mayor promiscuidad, mayor riesgo.
El uso de antibióticos facilita el desarrollo de infecciones. Martín lo explica así: “El antibiótico no es un ser inteligente que se dirige sólo al sitio donde está la infección, sino que va a todos los tejidos —aunque hay medicamentos que tienen preferencia por algunos—; entonces, cuando llega a los tejidos de la vagina, cambia la flora normal y  aumenta el riesgo de que ocurra una infección en la zona. Por eso se hace énfasis en no automedicarse antibióticos y tomarlos únicamente por el tiempo que se prescriba”.
 Vaginosis bacteriana
Causada por microorganismos como la Gardnerella Vaginalis, es la infección vaginal más frecuente en la mujer con vida sexual activa. “Normalmente hay bacterias en la vagina que son parte de la flora normal, pero cuando estas son reemplazadas por otras que no deberían estar ahí ocurre la vaginosis bacteriana”, indica Martín. Los síntomas incluyen flujo semiespeso, blanquecino y espumoso,  con olor similar a pescado derivado de las sustancias que secretan las bacterias.
Candidiasis
Infección por el hongo Cándida, que puede existir en muchas mucosas en el ser humano, pero se vuelve patológica en  circunstancias como: estado inmunológico, traumas, antibióticos y cambios en el Ph. Se manifiesta con flujo grumoso, blanquecino o verdoso y adherente —se pega a las paredes internas de la vagina—, irritación e hinchazón en la vulva y genitales externos, e intenso prurito.
  
Tricomoniasis
Infección por transmisión sexual causada por el parásito Trichomona Vaginalis, el cual se observa a través del microscopio. Síntomas: flujo abundante, espumoso y fétido, irritación en  genitales y picazón.
El diagnóstico preciso
Entre los criterios para detectar  las infecciones  está el clínico, basado en el aspecto del flujo; la microscopia directa, para ver la aparición de células guías, el Ph, así como muestra de flujo para determinar qué ocurre en quienes  tienen infecciones recurrentes y no mejoran con los tratamientos.

  En busca de soluciones
Organizaciones que se dedican al tratamiento de infecciones, como el Colegio Americano de Ginecología y Obstetricia, y la OMS,  tienen claro que para infecciones bacterianas y por tricomonas, la droga indicada es el metronidazol, por su alta eficacia y baja tasa de resistencias, dice Martín. Hay tratamientos orales (cápsulas y comprimidos) y locales (crema y óvulos). La ventaja de estos últimos radica en la aplicación directa en la zona infectada y con menores efectos gastrointestinales secundarios.
Para aumentar la eficacia de los tratamientos y garantizar que las mujeres no los abandonen a la mitad —cuando observan mejoría—, existen fármacos con mayor concentración de metronidazol que también incluyen miconazol, un  componente que disminuye la probabilidad de 30 ó 40 por ciento de infecciones que incluyen Cándida. Su efectividad radica en que cura y elimina la infección, evitando recurrencias.
El no tratar oportunamente esos padecimientos repercute en  daños en la salud sexual y reproductiva como incremento de  riesgo de infecciones en las vías urinarias y enfermedad pélvica inflamatoria. En el embarazo:  amenaza de parto prematuro, ruptura de membranas, aborto o infección en el recién nacido.
Durante el verano
Las piscinas no tienen bacterias u hongos que infecten la vagina, pero el cloro que entra en esta puede causar que la flora bacterial cambie y predisponga  una infección. Además, cuando una persona va a un balneario permanece mucho tiempo con la calzoneta mojada y esa humedad en el área genital facilita el crecimiento de hongos o bacterias, señala el ginecólogo Rogelio Arévalo. En verano, la prevención principal es tratar de evitar esa  humedad. Después de permanecer en la piscina o mar, hay que ducharse,  secarse bien y cambiarse,  enfatiza Arévalo. También hay que abstenerse de portar ropa apretada. Como prevención pueden utilizarse champús externos (vaginales) que sean inodoros o insaboros, que  tienen el objetivo de neutralizar el Ph y no alterarlo, añade Arévalo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario